Zaragoza:
Más de la mitad del millón de habitantes que vive en las tres provincias aragonesas tiene su casa en la capital regional, equidistante de los polos de atracción económica que marcan Barcelona y Madrid y que acaba de inaugurar el enlace mediante tren de alta velocidad que la une con la capital y que a la vuelta de dos años la acercará hasta Barcelona. El centro de la ciudad de Zaragoza tiene un aire próspero que se refleja en sus amplios y modernos bulevares, pero el punto hacia el que se dirigen todas las miradas es la plaza de la Basílica del Pilar, que toma su nombre del pilar sobre el que, según la leyenda, la Virgen descendió del cielo al aparecérsele al Apóstol Santiago.
La estructura que se ha levantado en torno a él es espectacular: uno de los mayores templos de España con torres en todas sus esquinas y una cúpula central rodeada por otras diez cúpulas menores de tejas vidriadas. El famoso pilar sobre el que se asienta la imagen de la Virgen está constantemente rodeado de peregrinos que aguardan su turno para tocar el pequeño y desgastado trozo que está expuesto. Pero cuando el fervor alcanza el paroxismo es el 12 de octubre, cuando los maños realizan su ofrenda de flores a la Virgen. En una orilla de la misma plaza se levanta la antigua catedral, La Seo, que hace poco ha abierto sus puertas tras 20 años de restauración.
Conviene no perderse su fachada gótico-mudéjar y el extraordinario muro mudéjar realizado con dibujos geométricos. Entre la basílica y La Seo está la Lonja, el antiguo edificio de la bolsa, que ahora se utiliza como sala de exposiciones; y al otro lado de la basílica, el torreón de la Zuda, que formó parte de las fortificaciones medievales de Zaragoza y que ahora alberga una de las oficinas turísticas de la ciudad